En las palabras yacen nuestros restos fósiles. Esto no es una tragedia, es, más bien, la causa de un efecto trascendente.
Hay mucho que hacer en todo el tiempo disponible para sentirse vivo. En realidad muchas cosas son más simples de lo que parecen, pero nos obstinamos en complejizarlas, tal vez por satisfacer esa pulsión egocéntrica que motiva el sentido de nuestra existencia. El mundo está plagado de incógnitas y de cosas evidentes. Yo no soy un clarividente; sólo soy un ser humano que intenta ver más allá de las cosas. Ver más allá me ha servido para ser libre de pensamiento, de conciencia. Incluso te cambia el sentido del humor; la risa se vuelve más sustancial. El problema surge cuando mucha libertad choca con este mundo parametrado por cosas negativas. Uno se siente sometido a los dictados nefastos de la actualidad. Sometido temporalmente, digo, al ver la injusticia y la mentira imperando a diestra y siniestra en la selva global. La ley de la selva rige los designios de la humanidad. Pero algo hay que hacer para no dejarse hundir en esto: Pensar y luego actuar. La acción empieza dentro de uno mismo y termina en la realización de un hecho. Dinamismo espiritual materializado en el tiempo.
Podemos hablar de lo cotidiano, como punto de partida hacia tal dinamismo. Empecemos por el punto más importante de un día, que es, en síntesis, la estabilidad personal. Digo esto porque aunque cueste aceptarlo, nuestro ser es, muchas veces, inestable, y la integridad hay que cuidarla de manera responsable en cada circunstancia de la vida. Hay que mantenerse “de pie” durante todo el día y no decaer en el intento de racionalizar los momentos más emotivos, que justamente nos sofocan el itinerario normal.
El poder de la mente es muy fuerte. Tanto que podría arrancarnos de la realidad y subliminalmente erigir en nuestra conciencia algo que no existe. Hay que tener cuidado.
La realidad es el presente o lo que ocurre en el tiempo, pero el presente y lo que ocurre son efímeros, así que la realidad vendría a ser también efímera. Su existencia es constante, dinámica, fuera de toda idealización meditativa. La realidad es inamovible como hecho fáctico en el tiempo.
Lo que no existe es lo que no se puede demostrar, o aún no.
El yo del existo es la percepción de la propia materia, del cuerpo. El yo del pienso es el reconocimiento de ser materia pensante, con conciencia propia de la muerte. El yo subliminal vendría a ser una especie ente filosófico en transición de algo incierto.
Lo que hay eres tú, y lo que no hay es lo ideal. Creo que uno debe cuidarse de uno mismo, en principio. El poder de la mente es ilimitado, es una bestia que hay que domesticar.
La curiosidad a veces es “milagrosa”.
Una de las tantas facetas de la realidad son las probabilidades. En este entorno todo puede ocurrir. Una buena racha, espléndida, puede venirse a bajo cuando menos te lo esperas. En el mundo de las probabilidades puedes estar un día en la cima y otro en el fondo de un abismo. Pero es parte este mundo, del mundo real. Hay que aceptarlo, como una parte más de la realidad.
Uno quiere llevar su vida de la forma más segura posible y, de hecho, eso es lo mejor, pero llega un momento en que se deben correr riesgos. Claro, hablo de los espíritus inconformistas, de los que no aceptan su suerte ni su destino sea cual sea, sino que, por el contrario, tratan de cambiarlo para mejor. En ese momento uno entra al mundo de las probabilidades, aunque no quiera. El resultado de su accionar es variable. Lo que nunca se debe olvidar es que uno tiene metas en la vida, siempre hay metas. Quizá cuando es uno joven las metas sean más grandes y, conforme avancen los años, las metas se vuelven algo más pequeñas, pero no menos importantes.
Nadie va a venir a consolarnos o ayudarnos. Sólo dependemos de nosotros mismos para resolver nuestros problemas y es de acuerdo a cómo enfrentamos la realidad que tendremos un mal o buen resultado.
Es importante recordar que la motivación es vital para resolver situaciones, y la mejor motivación proviene de uno mismo. A veces las fuerzas provienen de dónde menos te imaginas. La voluntad de mejorar en base a las experiencias, el repudio a la mediocridad, el satisfacernos no sólo biológica ni psicológicamente, ni espiritualmente, sino buscando algo más y morir en el intento pero feliz de hacerlo, son algunos ejemplos de motivación.
La motivación es importantísima para afrontar las situaciones que se presentan como resultado tanto en el mundo de las probabilidades como en el real. Cuando lo que hacemos lo hacemos motivados todo tiene sentido de ser.
Reconocernos a nosotros mismos es el primer paso Preguntarnos para qué y por qué hacemos lo que hacemos es vital, pero más vital aún es estar de acuerdo o no con el resultado de aquellas preguntas. De ahí obtendremos las decisiones a seguir. Discernir en ellas, en nuestras decisiones y consecuencias, son los siguientes pasos del proceso.
Una vida medianamente feliz. A eso aspira la mayoría de personas en el mundo. Una vida llena de experiencias de todo tipo, sin que nos afecte demasiado. Vivir sin ataduras de cualquier índole es lo que vendría a ser una vida medianamente feliz. No es necesario extenderse demasiado para explicarlo. El término “medianamente” lo dice todo; ni infeliz ni sumamente feliz. Pero los buenos y malos momentos siempre van a existir. Lo ideal, según este concepto, sería aceptar los avatares y éxitos de la vida de manera equilibrada. A esto se le llama tener una vida medianamente feliz.
La otra cara de la moneda es desconocer o pasar por alto algo tan importante como la felicidad. He aquí un ejemplo, interpretado por un individuo que medita acerca del ser y su temporalidad:
“Horas absurdas, perdidas en el efímero tiempo. El aburrimiento absorbe las conciencias de naturaleza inquieta. Encontrarle sentido a todo se ha vuelto el mejor hobbie posible a tanta mediocridad. Horas y horas sumergidas en la nada existencial; en aquella en la que el espíritu se despoja de toda resonancia histórica y se vuelve autónomo. Incluso de sí mismo. Porque el espíritu también está cautivo del cuerpo, de lo material. El espíritu frente a la nada es como una piedra elevándose del fondo de un abismo, impulsada por la voluntad de no quedarse estancado en las circunstancias vivenciales y muy personales que a cada uno le toca experimentar. La vida es un laboratorio en el que nosotros experimentamos con nosotros mismos. Buscamos la perfección, anhelamos la gloria del alma. El resultado de aquella búsqueda es variable. Mirarse a uno mismo y ver el resultado es a lo que me refiero.
La historia, es decir, el pasado, resuena de distintas formas en nuestro ser. Las más dramáticas son las resonancias religiosas, filosóficas y científicas.
La religión puede volverte el creyente más fiel o puede convertirte en el escéptico por excelencia. La filosofía es un universo que nunca terminamos de explorar, pero nos encandila de tal manera que a cada pregunta respondida le añadimos otra sin reparo. La ciencia te exige una demostración fehaciente para tomarse en cuenta, de lo contrario es falsa y no merece la pena dedicarle tiempo.
La religión no busca la verdad absoluta; según sus preceptos todo está dicho. La ciencia por su parte aún la busca. La filosofía viene a ser ese puente que separa a ambos. Falsedad, duda, verdad. Cada quien es libre de hacer sus propias conjeturas y aceptar o rechazar diversas conclusiones”.
Luego de leer tales aseveraciones uno toma conciencia de que la realidad tiene muchas facetas; es innegable. Cada quién tiene su forma de ver las cosas. Por ejemplo, un creyente cree porque quiere creer, esa es su motivación. Un no creyente simplemente no quiere creer; se siente mejor así. Cada quien hace lo que mejor lo hace sentir. Lo que no se puede ni debe hacer es obligar a alguien a creer o no creer. La libertad se trata de eso, de poder elegir cada uno su propio camino en esta vida.
La duda no es buena si dura mucho tiempo en el pensamiento, pues se vuelve peligrosa al momento de decidir, y en la vida hay que tomar decisiones, sino uno dependerá de lo que dicen los demás.
Antes de finalizar quiero hablar de un tipo de motivación que hasta ahora no se ha mencionado. Se trata del amor; motivador por excelencia.
El amor viene a ser algo más que la suma biológica, psicológica y espiritual, que conforma la estructura del ser humano. Definirlo, teorizarlo, conceptualizarlo y meditarlo, pueden ser útiles pero es mejor practicarlo, vivirlo, sentirlo.
Un poema que titulé “Amor”, es la mejor forma que he podido expresarlo en palabras. El resto depende de cada uno:
Amor
Amar no produce dolor,
No existe daño si entre dos se aman.
Y si no hay Amor entre dos no es Amor.
Lo que ocurre cuando uno ama y el otro no
es desamor, es algo totalmente diferente al Amor.
Amor es algo que se compone de dos.
De dos seres que hacen posible esta palabra
que es la única palabra que tiene vida propia.
El amor no es de uno, es de dos.
La única forma de que posea vida es entre dos.
Muere cuando uno ama y el otro no.
El amor no conoce la muerte; simplemente Existe,
así como dos amantes existen amándose.
Hoy es hoy, y mañana será mañana;
el amor es Hoy, y mañana también.
Sólo depende de dos. Nada más que de dos.
Uno no es amor.
Decir: “Te amo, cariño” y ser correspondido
es Amor.
El mañana es una consecuencia más del Amor.
Si hoy nos amamos, mañana también.
Si hoy no hay Amor, mañana tampoco lo habrá.
Amor, Amor, yo te amo, con todas mis fuerzas y ternuras.
Te amo, porque tú me amas.
Jon Aguirre©
